El arte de la distracción
Tulum, MX · Semana de adentro

Hay una gran diferencia entre distraerse y procrastinar. Mucha gente se aprovecha de una y otra tanta ni siquiera entiende la diferencia.
Procrastinar es el acto de saber que tenés que hacer algo e igual elegís dejarlo para después. Es como si todos los días tuvieras que comerte un sapo: sabiendo que es la tarea más dura del día, dejarla para el final es la peor decisión que podés tomar. Eso es procrastinar.
Distraerse, en cambio, es totalmente otra cosa. Es darse el tiempo para pensar, para mirar una pared en blanco, para salir a caminar, para experimentar cosas nuevas. Es algo que hacemos a la par de cumplir con nuestros objetivos, y técnicamente es lo más sano que podemos hacer. Si solo vivimos para el trabajo, para progresar constantemente, para hacer tareas, llega un punto donde solo eso somos… y ese camino es más común hoy de lo que parece.
El arte de la distracción
Durante muchos años dominó el sistema de educación tradicional: ir a estudiar, ser de los mejores, entrar a las mejores carreras, ser el top 1. Gran parte de tu vida se la dedicás a eso y tarde o temprano lo terminás logrando, pero convirtiéndote en eso mismo: en tu trabajo. Y lo peor es que pasás el resto de tu vida trabajando de lo mismo que venís haciendo hace años. Llega un momento, ya de grande, en el que conseguiste el éxito financiero y la vida "soñada", y lo aceptás. No hay vuelta atrás, y por más que tu alma te lo grite, no podrías decir que te arrepentís.
Pero hoy no estamos tan alejados de eso. A veces es peor. Cuando arrancamos a emprender o a trabajar en un negocio, muchas veces lo hacemos buscando libertad: depender solo de nosotros, ser nuestros propios jefes. Y pasa algo extraño: arrancás un camino de emprender para más de grande no trabajar tanto, pero trabajar 24/7 hace que con el tiempo te empiece a gustar el trabajo porque es el que te da dinero. Y de un día para el otro sos adicto al trabajo. No podés frenar. Te obsesionás con todo. El tema es que la mayoría de las obsesiones no son con las cosas correctas.
Muchas veces son con el dinero, con la fama, con el status. Y todo eso lleva a un camino peligroso, porque cuanto más escalamos esa escalera, más se eleva nuestro ego por consecuencia. A no ser que tengas los mejores valores y una misión muy definida, tu ego sufre un subidón del cual no quiere volver, y ese estándar que genera con el tiempo es algo que no puede permitir volver atrás y siempre quiere más.
Es peligroso por la falta de consciencia. Hoy mucha gente joven tiene acceso a todo —porno, OF, drogas, videojuegos, hacer muchísimo dinero— y queramos o no es algo que está fuera de mis manos y de las de muchos: es parte de un sistema.
No tiene nada de malo estar en un sistema. Lo malo es la gente que no sabe cómo funciona el sistema y que realmente quiere hacer de su vida algo digno. Hoy es muy fácil caer en tentaciones por entorno y por falta de conocimiento propio y de la naturaleza humana.
Al fin y al cabo todos los caminos tienen sus excesos. Algunos son más fáciles de dejarse llevar que otros, pero lo importante es entender que lo que te hace diferente no es la cantidad de dinero que hacés, la fama que tenés, el estatus que demostrás, sino qué tan vos sos.
La vida se trata de ciclos. Como las estaciones: verano, invierno, otoño, primavera. Lo que hace una década estaba de moda hoy no lo está. Lo que antes era un lindo cuerpo hoy no lo es. Lo que parecía ser la vida de ensueños hoy no lo es. Pero lo interesante es que esos mismos cambios vuelven a su origen. Vivimos en una vida cíclica: vida y muerte, Ying y Yang.
Preocuparse no vale la pena. Es ocuparte dos veces de algo de lo que tendrás que ocuparte una. La vida no es solo una, ¿pero qué sentido tiene vivirla sin poder distraerse para encontrarse de nuevo después de perderse en cada mundo que recorremos?
"No todo lo que brilla ilumina."
La diferencia entre una persona sabia y la que no, es que el sabio es capaz de aprender de los errores ya cometidos por otros y evitarlos. A la mayoría le gana el ego y el orgullo de querer experimentar el fracaso o chocarse contra paredes que podía evitar desde el principio. Ser inteligente es fácil hoy en día. Ser sabio es desafiante porque nadie te premia por eso, nadie te ve. Solo muy pocos. Y por eso no es tan brillante.

El que batalla sus demonios no se vuelve oscuro
Para encontrar luz necesitamos buscar en la oscuridad. A veces mi mente es más fuerte de lo que creo, más inteligente de lo que imagino, más creativa de lo que pensaba, más rápida de lo que siquiera puedo comprender.
Puede parecer un don, un obsequio, y realmente creo que lo es. El desafío ya no es externo sino interno. Más capacidad en ciertas manos conlleva la responsabilidad de saber cómo manejar ciertas situaciones. Hay personas malas y buenas; la capacidad que tiene cada uno es la que le toca y la que desarrolla, pero lo que hacés con ella es lo que determina qué tipo de persona sos.
Mucho tiempo creí estar loco, fuera de este mundo, más allá de esta realidad. Sin entender el mundo, sin entender lo que son las personas. Muchos replanteos. Muchas veces intentando ocultar lo que sentía y pensaba para no complacer a mi mente y a su propio ego.
Los momentos de ocio y aburrimiento a veces se vuelven momentos de enfrentar cosas que no quiero enfrentar. Mucho de lo que se ve afuera no refleja lo que pasa dentro de uno. Lo único que refleja lo de adentro son las acciones de buena fe: las que hacés sin crédito, sin esperar nada a cambio, sin necesitar validación, sin terminar siendo reconocido, pero haciendo un cambio grande en este mundo. Eso es ser un héroe.
"Los héroes reales muchas veces no son los que reciben fama, sino los que hacen lo correcto cuando nadie los está mirando."
Mucha gente se deja guiar por lo brillante, por la fama, por lo que llama la atención. Pero los que más merecen atención son los que menos la quieren. Parece contradictorio y así funciona; la historia lo corrobora.
Cuando batallamos nuestros propios demonios nadie nos ve, nadie entiende lo que pasamos, nadie entiende lo que sentimos. Solo nosotros. Nosotros somos nuestros propios salvadores y verdugos, no los demás.
Las batallas a veces no se ganan todas, y eso está bien. Lo importante no es solo ganarlas: es aceptarlas. Ganadas o no, lo que importa es la guerra extensa a la que nos sometemos dentro de esta vida.
"No vinimos solamente a vivir una vida cómoda; vinimos a enfrentarnos a aquello que nos limita."
Tu deber es uno: hacerlo o no depende de vos. Ser o no ser no es la cuestión. Es tu cuestión.
El ciclo de la consciencia
Ser inteligente es un arma de doble filo. Mucha gente cree que lo es, cuando el mayor indicador de que realmente lo sos es no creerlo.
Hay indicios, hay patrones, hay señales para entender la capacidad y la inteligencia de uno mismo. La búsqueda misma te enseña que no es el factor principal para alcanzar todo lo que querés, ni siquiera la felicidad. Y como toda búsqueda, tiene un sentido, un propósito: entender que lo que ya estabas buscando estaba ahí, y era cuestión de poder ver.
Ver es un privilegio que pocos tienen. Y como la inteligencia, es un arma de doble filo. La vida se compone de caminos, y elevar tu consciencia es entender que solo se puede ir por uno a la vez. Que no se puede estar en dos partes al mismo tiempo. Que para avanzar necesitamos elegir, y elegir es sacrificar algo, dejar algo atrás.
Todo cambio conlleva una pérdida y toda pérdida conlleva una ganancia. Pocos están dispuestos a eso, y los que sí son incomprendidos. No porque tengan un don, sino porque eligieron. Mucha gente cree que está eligiendo y se equivoca; le gusta pensar que lo hace, pero rara vez lo hace. Porque elegir conlleva cambio, el cambio conlleva crecimiento, el crecimiento significa avanzar y experimentar cosas que antes no conocías. En ese mismo camino empezás a conocerte, y a entender que no cualquiera quiere caminarlo.
El dilema surge acá: una vez que comenzamos este camino nos damos cuenta de que es más difícil de lo que aparentaba. Que es incómodo. Que no todo es rápido. Que la vida que antes teníamos era más fácil y sencilla. Incluso llegamos a pensar que la gente más simple es más feliz que nosotros. Y puede ser 100% verdad. Pero es ahí donde descubrimos qué tipo de vida queremos: que tal vez la felicidad es un estado que la gente con poca consciencia es incapaz de controlar, diagramado por factores externos —si esos cambian, ellos cambian.
Cuando somos más capaces, más inteligentes, más conscientes, nos damos cuenta de que todo pasa por algo, pero no como frase cliché: como una ciencia de causa y consecuencia. Entendemos más, y ese entendimiento nos lleva a desafiarnos para encontrar lo que realmente nos apasiona, lo que nos mueve, a experimentar cosas que ni siquiera creíamos capaces de conocer. Eso es vivir, moverse, usar nuestra energía para encontrar nuestra verdadera misión.
Si tu alma y tu cuerpo te piden algo más, no es avaricia, no es ambición: es vocación hacia algo superior que viniste a cumplir en este mundo.
Si hacemos ingeniería inversa de todo esto: ¿ser más conscientes nos hace más infelices, o más capaces de experimentar nuestra vida? Experimentar conlleva ambos lados del filo. Para valorar la paz necesitamos caos. Para valorar los momentos felices, necesitamos los tristes. Todo eso es un indicador de elevar nuestra consciencia.
Aumentar este nivel puede ser una maldición y al mismo tiempo una bendición. Es cuestión de perspectiva, y si lo creemos así, entonces es cuestión de dejar ir y apostar por algo que desconocemos para poder experimentar lo que se llama paz.
Los humanos vinimos a experimentar todo, no solo paz o felicidad. Y cuanto más experimentemos, más entenderemos lo que realmente importa, que siempre tiende a ser lo más absurdo, simple y minimalista posible. Pero si no tenemos los valores adecuados, la infancia correcta, la vida que siempre quisimos, entonces nos toca experimentar todo lo que podamos en esta tierra para hacer de nosotros un ser de su Ser y poder librar nuestra energía de creación por el mundo. Dejando semillas, dejando aprendizajes, dejando, dejando, dejando.
Dejando ir. [esa es la cuestión]
No leo, no estudio, no busco. Solo dejo que pase, y pasa. Porque si queremos algo lo tenemos, y si no, tampoco. Todo lo que creés existe al igual que no. Todo lo que ves es, y al mismo tiempo no. Gastar nuestra energía por algo inválido o por algo que ni siquiera comprendemos es un acto egoísta hacia Dios, hacia la vida que nos trajo, hacia todas esas infinitudes de posibilidades para existir. Es ir en contra de eso.
Y no soy yo el que te dice qué hacer, sino la vida a través de lo que sentís. Entonces, si ya sabés esto: salí ahí afuera y dejá ir.

Esta semana
Esta semana realmente no me sentí muy bien, pero entendí que se trata de aceptarme como soy y cómo estoy. A pesar de todo lo bueno, siempre pasan cosas malas. Y a las personas buenas también les pasan cosas malas.
Estuvo Juan, un amigo, de paso por Tulum —ya se fue—. Fuimos a correr a la playa, a comer de noche y a trabajar juntos. Con Lore también salimos a correr por la playa y a conocer lugares como las ruinas de Tulum.
- Base · Tulum, MX
- Compañía · Lore + Juan
- Foco · Marca personal
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- Running · Playa al amanecer
- Visita · Ruinas de Tulum
En paralelo: VLOG arriba en YouTube, otro casi listo para subir, y la marca personal pasando los +11K en Instagram. Sigue creciendo como siempre la imaginé.

Cierre
No todas las semanas son arriba. Esta no lo fue del todo, y está bien. Lo importante es seguir eligiendo. Seguir dejando ir.
— M.
